Nuestra historia empieza, como empiezan muchas historias buenas, con un problema.
Hace más de diez años trabajábamos dentro del sector de la construcción industrial y veíamos repetirse siempre lo mismo: obras entregadas tarde, estructuras levantadas sin un cálculo que las respaldara y garantías que se ofrecían durante la venta y se olvidaban cuando el cliente llamaba dos años después con una filtración. Todos parecían haberlo aceptado como normal.
Así que fundamos Proyectos EDAE con una regla distinta: lo que prometemos, lo firmamos. Cada obra se entrega con un documento de garantía donde queda establecido qué cubrimos, por cuánto tiempo y bajo qué condiciones respondemos. Y tomamos una segunda decisión, menos evidente pero igual de importante: no crecer hacia los lados.
Nos quedamos en naves industriales, bodegas y cubiertas metálicas. Esa concentración nos costó proyectos, pero nos dio algo que no se improvisa: saber cómo se comporta el suelo de cada corredor industrial, cuánto tarda realmente una estructura de acero y qué falla en una cubierta a los tres años.
Los clientes llegaron por la vía más lenta y más confiable que existe: la recomendación. Hoy operamos desde Monterrey y Zapopan, atendiendo ambas zonas metropolitanas. Cambiaron muchas cosas en diez años; no ha cambiado la razón por la que empezamos.
En eso puede confiar.